Odio mi guata

Close-up of a nude young woman's navel

por Irene

Claramente hay partes propias del cuerpo que a uno no le gustan. A mí la que más me carga siempre ha sido mi guata, y aunque durante toda mi vida aprendí a convivir con ella, después de tener dos guaguas realmente la detesto.

Es que mi guata nunca fue una guata linda, incluso en mis épocas más flacas era media suelta – probablemente secuela de la escoliosis y la mala postura- , con el ombligo muy arriba (según yo) y corta y aunque hice miles de abdominales, pilates y cuanto deporte hay para endurecerla nada resultó. Pero filo, vestida el problema no se notaba para nada y en verano, cuando estaba tostada también pasaba piola.

El problema es que ahora, después de la segunda guagua, de verdad no sé qué hacer con ella. Como que se salió de su cauce natural y no hay caso con hundirla, no me resulta. No es por gordura – porque me queda re poco por bajar – sino que es como si todos los músculos y la piel que alguna vez existieron se hubiesen vencido. Eso sí, yo no me daré por vencida, porque así no estoy dispuesta a quedarme, principalmente porque no me siento cómoda.

Los calzones tipo faja son una solución poco sexy pero salvadora para cuando uno está vestida, aunque pienso que la verdadera opción es hacerme masajes y drenajes. Tengo demasiada fe en que así algo debería mejorar.

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