El temor a que se pierdan

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por Lena

Creo que uno de los mayores temores que tenemos quienes nos relacionamos con niños es que se nos pierdan y el problema es que, aunque es terrible, no es tan difícil que ocurra, pues son tan movedizos que basta un segundo de distracción para perderlos de vista.

Yo sé que una vez se me perdió mi hija, pero la angustia fue tan grade, que no puedo recordar cuándo ni dónde fue. Sólo recuerdo que finalmente se había ido con mi marido en vez de quedarse conmigo, tal como habíamos quedado. Deben haber sido cinco minutos en que no supe dónde estaba, pero por mi mente pasaron todo tipo de horribles películas y la sensación de que no la vería nunca más estaba instalada en mi cabeza.

Lo peor es que hay niños que tienen tendencia a perderse. Son más movedizos y escurridizos y a la menos distracción desaparecen. Mi hermana era así. Se perdió en el Apumanque, en una feria artesanal e incontables veces en la playa. Yo no sé cómo mi mamá no colapsó de un ataque de nervios. Incluso esa vez que se perdió en el Apumanque la señora que la encontró retó mucho a mi mamá – yo debo haber tenido unos cinco años y me acuerdo perfecto – y le dijo que si no era capaz de no perder a los niños mejor los anduviera trayendo con correa.

Por mucho que estemos siempre atentos y creamos que nunca nos pasará, no está demás saber que además de avisar a seguridad si es en un mall o a los salvavidas en la playa, uno puede enseñarle a los niños a decir su nombre y los nombres de sus papás de modo que si los encuentra alguien ellos también puedan dar algunas pistas que los vuelvan a reunir con su familia.

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