Renuncié a la casa perfecta

por Irene, ilustración Frannerd para DienteLeche

Aunque no soy para nada maniática, antes de tener niños mi casa estaba bastante ordenada y las cosas estaban donde correspondían: lo de la cocina en la cocina, las revistas en el revistero, los adornos en las repisas. Pero ahora no hay caso, los juguetes están por todas partes. No es que sea un caos, pero puedes encontrar monitos, barbies, legos, lápices de colores, libros para pintar, cuentos, etc., por toda la casa.

Varias veces me he estresado intentando ordenar, pero a estas alturas ya me di un poco por vencida. He ido a casas con niños que están inmaculadas, donde no parece que habitaran menores de edad y la verdad es que, o hay que estar ordenando todo el tiempo, o hay que prohibirles que vayan al living, al comedor o a la pieza de los papás y ese no es mi estilo. Para mí, la casa es para usarla y si eso significa que los cojines estén menos esponjosos, me da lo mismo. Me conformo con que no rayen las paredes, ni embetunen los muebles con comida.

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