Mi conflicto personal con la sillita del auto

por Cabaninja

Cuando veo a una guagua o un niño pequeño durmiendo plácidamente en su sillita para el auto, suspiro. Suspiro con envidia sana pensando ¿y por qué a mí no? ya que a mi hija de 11 meses jamás de los jamases le ha gustado la famosa silla. Creo que la única vez que no se transformó en Katy Ka Boom fue cuando la sacamos recién nacida de la clínica.

Viajar con ella en auto es una odisea. Aguanta relativamente bien trayectos cortos, como por ejemplo cuando voy al supermercado o la llevo al pediatra, donde me demoro a lo más diez minutos. Si es más que eso, puedo decir que llevo a una mini-Hulk en mi asiento trasero, que hace lo imposible por zafarse del cinturón de seguridad.

La cosa se pone complicada cuando salimos fuera de Santiago. Suelo irme a la playa los fines de semana y, ante su furia descontrolada -que trato de aplacar cantándole o jugando con ella-, no me ha quedado otra que pasarme para atrás y sacarla de la silla para que haga lo quiera (siempre en la parte de atrás, aunque me saque un ojo jamás la dejaría pasar para adelante).

Sin embargo esto me aterra. Demás está decir que es una irresponsabilidad enorme no llevar a los niños como debe ser, en su silla, alzador o cinturón, pero les juro que a veces no me ha quedado otra y me he tenido que encomendar a todos los santos para que no ocurra ningún accidente y llegar sanos y salvo a casa.

¿Qué hacen ustedes para que sus hijos no se aburran en la silla?

Link foto: Debs

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