Se me acabó la leche

por Cux

No sé bien cómo ni cuándo pasa. A mi hijo mayor le dí leche mía como hasta los 9 meses, fue bien fantástico y yo fui feliz. Me encantaba todo lo que pasaba, la conexión que se producía, lo significativo que puede ser el sentimiento de dependencia, de apego, el cuidarme por él, nuestras miradas, etc. Aunque no sé cuánto más habría durado así de feliz, mi tiempo fue perfecto. Cuando volví a la oficina, la cosa empezó a cambiar, de a poco empezó a chispear menos, yo me sacaba la leche con un sacaleches y al parecer nunca fui lo suficientemente metódica porque de a poco se empezó a acabar. Y es así de tajante -por lo menos lo que me pasó a mi- mientras menos chupan, menos sale.

Con la llegada de los mellizos, salí de la clínica con un tarro de leche en polvo. Todo era por si acaso, y claro, yo con el pánico que tenía de que ellos no tuvieran lo suficiente y cachando que fácil no venía, preferí prever. Y la verdad, teniendo el tarro cerca uno se relaja.

Les dí de todas las formas posibles. Mi ideal era que ambos tomaran a la vez uno en cada pechuga, lo que técnicamente fue muy difícil, terminé estresada y triste de no haberlo logrado. Luego le daba primero a uno, luego al otro y luego al otro y luego al otro, lo que se transformó en dedicar mi vida a amamantar y esa tampoco era le idea. Después -y fue lo que mejor me resultó- opté por darle a uno pechuga y al otro relleno y luego los turnaba. Mis niños nunca tomaron bien, bien. Yo sentía que no vaciaban las pechugas y cada vez me quedaba un poco de leche, lo que produjo principio de mastitis, estuve con fiebre y con dolores mega a los 15 días de nacidos. Así la leche se me fue acabando y logré darles hasta los 4 meses.

Creo que en el amamantamiento no hay que hacer mucho caso al resto y es uno quien siente lo que debe y no debe hacer. Tan tangible como que con mi primer hijo encuentro que lo hice regio y que no fue para nada una preocupación, todo fluyó -obvio que mi matrona y las enfermeras en la clínica me enseñaron lo básico- pero seguí mi instinto completamente, en cambio con los segundos recibí tanta información que me perdí.

Dar leche es una de las cosas más impactantemente maravillosas que he vivido y lo recomiendo desde lo más profundo, sé que no siempre se puede y no hacerlo no te invalida como madre, al contrario te hace buscar otras formas de acercarte a tus hijos, pero siempre será uno la que mejor sabe qué camino tomar.

Link foto: Daniel Lobo

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