La irresistible relación entre los niños, la música y el baile

por magdalena

Hace unos días estaba dando de comer a mis hijas cuando mi marido puso la radio y sonó una canción muy animada. En ese mismo instante la concentración de mis hijas en sus platos terminó y de inmediato se pararon de sus asientos y se pusieron a bailar felices. Yo, en vez de reaccionar como normalmente lo hago – enojarme porque se pararon, cortan la música y obligarlas a volver a comer – me quedé mirándolas y me puse a pensar en lo heavy que es este efecto.

Las dos bailaban con mucho ritmo, haciendo movimientos que a mí me parecían suponían alguna complejidad y comencé a recordar como mi hija menor bailaba moviendo desatada su cabeza cuando sólo tenía unos meses de vida. Era increíble, a penas oía algo de música, su cabeza comenzaba a sacudirse de un lado a otro y con tanta intensidad que llegaba a dar nervios. Incluso bailaba con las canciones de misa!

Y no es que yo o mi marido seamos los tremendos bailarines – más bien al contrario – pero hay algo que es anterior a la sociedad y a lo aprendido, sino que viene en uno y que no te permite quedar indiferente ante ciertos ritmos. Probablemente esa reacción instintiva que tenemos de seguir el ritmo con el pie es la versión adulta de dejar lo que sea que estemos haciendo al escuchar música y ponernos a bailar.

Me encanta que la música haga tan feliz a los niños, porque además es una mega entretención, ultra sana y tan barata. Es cosa de prender la radio y ponerse a bailar. Seguro con sólo eso hay mucho rato de diversión asegurada.

Link foto: LizaWasHere

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