Viajar con los niños

por magdalena

Hace unos días llegué de un viaje familiar, que aunque no fue largo en cantidad de días, sí fue muy lejos. Fue uno de esos viajes que normalmente no se piensan con niños, especialmente cuando ellos son chicos.

La motivación de nuestro viaje era visitar parientes, por lo que nunca se consideró la opción de no llevar a mis hijas, pero sí había ciertas aprehensiones sobre si se nos haría difícil o no, cómo se portarían en el avión, si soportarían con buen ánimo largos paseos y desorden de los horarios, etc.

Finalmente les puedo contar que la experiencia fue de las mejores que he tenido en mi vida. Tanto así que se nos quitaron en gran medida las ganas de hacer paseos solos con mi marido, y quedamos motivadísimos para seguir viajando los cuatro.

A nivel económico efectivamente es muy caro. Nuestra idea inicial era viajar antes de que mi hija cumpliera dos años para pagar solo impuestos y no pasaje, pero finalmente las cosas no se dieron, así que tuvimos que pagar pasajes completos – la rebaja por ser niños es prácticamente nada considerando el valor total – pero tuvimos la ventaja de que las dos tuvieran asientos, lo que en un viaje largo se agradece. Y respecto de su comportamiento, como fue de noche y sin escalas se lo durmieron completo. Lo bueno, es que aunque gastamos en pasajes, ahorramos en alojamiento, lo que definitivamente compensa.

Durante el viaje mismo todo fue perfecto. Lo pasaron increíble, se sorprendían con las cosas diferentes, no se complicaron con los cambios en su rutina – por suerte era el mismo horario – y lo disfrutaron al máximo. Claro, es probable que en el futuro se acuerden poco y nada, especialmente la chica, pero a mi modo de ver la experiencia sí tendrá un impacto muy positivo en sus vidas.

Qué fue diferente de un viaje sin niños? Varias cosas. Nuestros paseos se enfocaron principalmente en parques, tiendas de juguetes – donde muchas veces el panorama era mirar la increíble decoración, más que comprar -; obviamente no hubo salidas de noche, a excepción de un día en que fuimos a caminar con ellas; el coche paraguas fue nuestro mejor aliado y visitamos todos los baños de los museos, tiendas y restaurantes.

Pero más allá del turisteo propiamente tal, lo que nos fascinó es que logramos ver cómo este paseo abría los ojos de mi hija mayor a un mundo mucho más grande de lo que ella se habían imaginado. A sus cinco años lograba captar perfecto que había personas de diferentes razas, que había muchos idiomas y todos convivían, que los edificios eran más altos de lo que ella se había imaginado, etc.

Tal como decía, quedamos sumamente motivados de hacer un nuevo viaje en familia. Obviamente no es algo que se pueda hacer muy seguido, porque es muy caro, pero realmente vale la pena, creo incluso que como pareja lo pasamos mejor de lo que lo hubiésemos pasado solos, porque la vez que viajamos sin nuestras hijas las echamos mucho de menos y mirábamos con cara lánguida todo lo que nos hubiese gustado compartir con ellas.

Viajar los cuatro, más que hacer las cosas complicadas, hizo que la experiencia fuera totalmente plena y feliz.

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