La tan necesaria contención postnatal a la madre

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por Brenda, foto: Marcia Inostroza

Cuando estaba embarazada de mi hija, que ya va por el año tres meses, me sentí tremendamente querida por mi entorno: mi familia, la familia de mi marido, la gente que conozco por mi trabajo y también mis amigas que siempre me escribían, conversaban o llamaban para preguntarme cómo me sentía o cómo ella iba creciendo.

Pero, tras el parto, las visitas en la clínica, el período de adaptación, la zona de confort en la que viví durante mi embarazo, se rompió y me vi enfrentada a mis miedos, mis sombras, a la adaptación a una nueva vida a la que debía entregarme por completo y todo lo que significaba ser mamá, los cambios en mi cuerpo y mi nuevo rol. Ya no hubo llamados, ni mensajes, ni invitaciones. Algunos desaparecieron… 

Sé que la vida de la gente que conoces sigue su curso normal, pero fue duro tener que darse cuenta que iba a ser la que siempre tenía que escribir, pues de otra manera la conversación no se daba. Así y todo, hubo quienes nos demostraron como familia (a mi hija, a mi marido y a mí) que formábamos parte de sus vidas. Es cierto, yo era la primera de mis amigas en convertirme en mamá, y así se van quemando etapas. Quizás lo que diga o haga no puede parecer interesante y un poco monotemático, y es a veces triste asumir que es parte del alejamiento natural, de vidas que siguen caminos diferentes y que ya no tienen puntos de unión.

Con el tiempo supe que lo que estaba viviendo era muy común. En grupos de mamás y artículos que afortunadamente he tenido la oportunidad de leer (gracias a la maravillosa red virtual de que formo parte) es una sensación a veces generalizada. Logramos acompañarnos a través de estas comunidades y hablarnos como si fuéramos amigas. Lamentablemente, donde yo vivo, no se forman presencialmente, lo que me imagino es un tremendo regalo y una vivencia que me gustaría experimentar. 

Me faltó acompañamiento en un momento crucial, y ese es el mensaje que quiero entregar: no se pierdan, llamen, vayan a ver… lo digo desde mi propia experiencia. Me habría gustado un abrazo apretado cuando a veces no podía más, o tener un rato para conversar de cosas distintas de mi vida de mamá. Aunque no lo parezca, pucha que necesitamos cariño. 

2 COMMENTS

  1. yo tuve guagua en diciembre (las dos veces), todos mis cercanos trabajaban (marido, hermana, amigas, mamá y suegra) y más encima la nana salió de vacaciones, asi que me las tuve que bancar solita no más, claro que se me hacía pesado y cansador, la falta de sueño, el tener que hacerme cargo de la guagua, de la casa y se mi misma pero no resentí que el mundo siguiera su curso mientras yo estaba en este capullo mamá-bebé, y por otro lado nunca he esperando mucho de otras personas ya que siempre he sido conciente que al final del día cada cual se hace cargo de si mismo, asi que no tuve ninguna desilución o sensación de carencia. Creo que es importante que uno aprenda a bastarse a si misma, a considerar que uno es lejos la mejor compañía de uno mismo porque la felicidad y satisfacción propia no puede depender de lo externo, de otros, tiene que partir de una misma.
    änimo, que la vida cambia completamente, ni para mejor ni para peor, sino que se convierte en algo totalmente nuevo.

    • Hola, María. Tienes mucha razón. Con el tiempo, pues ya esta historia la miro algo desde lejos, aprendí a madurar, sobrevivir y asumir. También a conocerme más. Son las cosas bonitas que deja el puerperio. Cariños

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