Playlist para los hijos


por Paty Leiva

Antes de que naciera mi hijo le grabé un cd con canciones que a mi me gustaban de siempre y que me parecían lindas para compartir con él dentro y fuera de la guata. Ese disco incluía cosas como She’s a Rainbow y Happy Together entre otras. Así que esa fue la primera lista de canciones que seleccioné para él. La foto de arriba es la portada del disco, un close up suyo antes de salir.

La segunda fue cuando nos preparamos para el parto. En la clínica que lo tuve podíamos elegir la música que sonara de fondo mientras se desarrollaba la acción. Nos preocupamos de armar la lista con canciones que en verdad nos gustaran mucho (estaba traumada con una historia en que el dr puso la radio y la guagua nació con Roxette!). Así fue como mi primer hijo nació con Playground Love, de Air; y cuatro años después, mi hija lo hiciera con “I Just Don’t Know What To Do With Myself” de Burt Bacharach pero en versión White Stripes.

La siguiente lista es la que vino cuando en el postnatal nos quedamos solos y fui conociendo sus gustos. Yo ponía música y me daba cuenta de cuál le gustaba, cuál lo alegraba o lo calmaba. Esa lista se llamó “No llores” y comenzaba con unos buenos pop, con baterías bien marcadas que llamaban su atención y lo hacían seguir el ritmo, y de ahí iban bajando en intensidad hasta convertirse en improvisadas canciones de cuna y se armaba una transición entre Walking on Sunshine (Nena), There Must be an Angel (Eurythmics), No Rain (Blind Melon), Close to You (Carpenters) y Space Oddity (David Bowie).

Ahora que está más grande voy recogiendo sus apreciaciones sobre la música que escuchamos en la casa o en el auto, el otro día por ejemplo, me dijo que esa música que sonaba (Pixies) le servía para jugar a las persecusiones, o jugando en la casa, que una de Jamirquai era su favorita. También le gusta Gorilaz, Michael Jackson (para bailar más que nada) y cuando comienza a sonar Led Zeppelin parte con el gritito de la intro.

No tengo nada contra las rondas infantiles pero las van a conocer de todas maneras en el jardín y el colegio, por eso me gusta compartir con él mis propios gustos musicales, y de pasadita hacer una mini Escuela de Rock. No veo por qué privarlo de buena música sólo por ser niño –eso sería subestimarlos– así van puliendo la oreja desde chiquititos.

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