Pequeñas lecciones del día a día

OLYMPUS DIGITAL CAMERApor magdalena

El día a día con los niños está lleno de aprendizaje. Tanto para nosotros como para ellos mismo, y aunque como padres quisiéramos que la vida fluyera sin ningún inconveniente, en algunas ocasiones ese aprendizaje está directamente relacionado con pequeñas lecciones o “porrazos” que ellos mismos viven y que tienen que superar. Por supuesto que estoy hablando de sucesos que pueden ser muy mínimos, no de grandes accidentes, ni situaciones traumáticas.

En general me carga cuando los padres adoptamos esa postura de “te vas a caer”, “te vas a pegar”, “vas a terminar llorando”, “se va a romper”, “se te va a perder”, etc, porque me paso el rollo de que generamos un clima de inseguridad y predisponemos al fracaso, pero pucha que cuesta evitarlo porque tantas veces hemos tenido razón!

Algunos ejemplos muy sencillos son: quieren llevar juguetes al colegio y nosotros tenemos el temor de que los pierdan y ese es efectivamente el resultado. O cuando les advertimos que algo está muy caliente y quieren probarlo igual, o cuando quieren pasear al perro y éste tira muy fuerte y sale corriendo, siendo que uno les había advertido que esto podía pasar, o que quieran probar algo muy picante cuando les hemos dicho que lo van a pasar mal, etc. Obviamente siempre hay que advertir y proteger del peligro, pero me parece que el modo en que armamos las frases ya es fatalista. No decimos “te puedes caer”, sino que directamente “te vas a caer”.

Por ejemplo me pasó la semana pasada que fui al supermercado con mis hijas – no me queda otra – y estaban muy agitadas. Corrían por los pasillos, echaban productos que no necesitábamos al carro, etc. Hasta que claro, pasó lo inevitable y se les cayó gran pote de yoghurt que explotó en el suelo. Ellas y yo quedamos con nuestros pantalones y zapatos chorreados de yoghurt de vainilla, y como no había mucho papel para limpiarnos a la mano, quise que siguiéramos comprando así, todas sucias. Obviamente las tres estábamos incómodas y queríamos llegar rápido a la casa para limpiarnos. Lo fantástico fue que cuando me tocó ir de nuevo, estuvieron calmadísimas y a cada rato repetían que tenían que evitar correr para que no se cayeran más cosas.

De todas formas es difícil llegar al equilibrio de que el aprendizaje no signifique una especie de “trauma” que los bloquee para eventos futuros. Como por ejemplo asustarse con todo lo desconocido o sentirse culpables por situaciones que salieron mal independiente de su responsabilidad (por ejemplo si se pierde una mascota). Pero también está en nuestras manos identificar esas situaciones cotidianas que pueden ser una buena lección.

Link foto: Beketchai

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